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Ternura y corazón
El niño pequeño - varón o mujer - necesita la ternura de la madre tanto como su leche. Todos los psicólogos afirman esta necesidad como indispensable para su desarrollo equilibrado. Ternura es más que amar, es un modo precioso de expresar el amor.
Tierno es lo contrario de duro: se dice de algunas comidas, como la carne, el pan, en contraposición a duro; se dice de las personas, sobre todo, del recién nacido: de su piel, su carne, su mirada, su sonrisa. Entre adultos, afectuoso, cariñoso y amable son epítetos cercanos, pero no sinónimos de tierno.
Más que al qué, la ternura hace referencia al cómo de los gestos de amor que una persona hace a otra, a un animal e, incluso, a una planta. No se suele decir "tratar con ternura" a una cosa u objeto, pero sí con delicadeza. La ternura incluye en el signo o gesto de amor un especial calor del corazón; parece que sólo a la persona le corresponde apropiadamente. Es indispensable que el gesto salga del corazón para que lleve ternura; esto lo percibe, lo siente, quien hace el signo y también quien lo recibe, por pequeño que sea.
Al niño - y al adulto - le puedes dar de comer o limpiar o mirar, o coger, con ternura o con dureza, con delicadeza o con aspereza. Incluso le puedes hacer todo eso muy bien, como profesional, pero sin ternura; porque puede ser que actúen tus manos y tus ojos y tu boca, pero no tu corazón; o que haya dinero de por medio, y no gratuidad; y no actúa tu corazón. Puedes hacer un gesto o una caricia con ternura o con rutina o bastedad, según seas tú o, por mejor decir, según estés tú por dentro, en tu corazón, en ese momento.
La misma piel del niño es tierna; la del adulto es más dura, más áspera, sobre todo si realiza un trabajo manual de roce constante con ellas.
La ternura se manifiesta y llega al otro, sobre todo por el tacto; también por la vista y por el tono o el timbre de voz; pues ésta puede ser fría o cálida, ronca y áspera o delicada y tierna, más en el hablar que en el cantar. También el sentido del gusto, el paladar, nos capacita para intuir qué es la ternura. Pero no todo contacto de piel es tierno, como experimentamos en el modo de darnos las manos, un beso, o una caricia.
Anónimo
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